En el censo de Lekunberri de 1924 recogieron los datos de 664 personas, distribuidas en 129 viviendas: 345 mujeres (51,96%) y 319 hombres (48,04%) . Además, en el convento de las clarisas vivían 31 monjas. Sumergirse en los datos de aquel censo ofrece una excelente oportunidad para realizar una radiografía de Lekunberri de aquella época.
[Traducción al castellano de un reportaje publicado en la revista Mailope en diciembre de 2024]
En marzo de 1924, en plena dictadura de Primo de Rivera, España aprobó un estatuto municipal con el que, entre otras muchas cosas, estableció que el censo de todos los municipios de su territorio debía hacerse cada cinco años. Según aquel estatuto, los habitantes de cada municipio debían ser clasificados en uno de estos cuatro tipos: cabeza de familia, vecino, domiciliado 0 transeúnte. El cabeza de familia era el representante legal de una vivienda.
Más adelante, un decreto señaló que, además de la clasificación de cada habitante, debían incluirse otros datos como nombre y apellidos, edad, estado civil, lugar de nacimiento, profesión, etc. Así, a cada cabeza de familia se le entregaría un impreso para recoger todos los datos de su vivienda. Pero en el caso que nos ocupa de Lekunberri no parece que lo hubiesen hecho así, ya que se aprecia la escritura de una sola persona en las dieciséis páginas correspondientes a losy las habitantes de Lekunberri. ¿Fue el secretario del Ayuntamiento de Larraun, residente en Lekunberri, José Antonio Arrillaga Oronoz, casa por casa para recopilar todos aquellos datos? Puede ser. Y no fue trabajo menor.
Cabe recordar que en 1924 Lekunberri se encontraba todavía dentro del municipio de Larraun –se desagregó en 1995–, por lo que el censo que hemos analizado recogió los datos de toda la población de todos los pueblos de Larraun. Pero yo solo he examinado los datos de las dieciséis páginas correspondientes a los y las habitantes de Lekunberri, porque, por un lado, creo que Lekunberri tiene un carácter diferenciado que merece un estudio diferenciado, y por otro, porque la familia de mis bisabuelos Andrés Azpilicueta Goñi y Niceta García El Busto aparece entre los lekunberriarras.
Abre el censo el joven negociante pamplonés Fidel Manrique Gil, que solo llevaba dos años en Lekunberri, y lo cierra el niño de dos años Antonio Albiasu Esnaola, todavía no escolarizado. Y entre esos dos están los datos de otras 693 personas. Es decir, en el años 1924 estaban empadronadas en Lekunberri 695 personas. Y en el resto de pueblos de Larraun serían unas 2.500. Pero hoy en día, cien años después, la situación es completamente distinta: en Lekunberri viven unas 1.700 personas y en Larraun, unas 900. Cuando hicieron el censo de 1924, 49 lekunberriarras, el 7,05 % del total, no estaban en aquel momento viviendo en sus casas de Lekunberriko y estaban marcados como ausentes. Por el contrario, había 33 personas transeúntes, el 4,89 % del total, perspnas que de alguna manera vivían provisionalmente en el pueblo.
Aunque estén marcadas de una u otra manera, yo he metido en el estudio que nos ocupa a todas las personas de esos dos grupos. En cambio, se han quedado fuera las 31 monjas clarisas, porque su carácter especial –todas mujeres, todas adultas, todas alfabetas, casi todas navarras pero la mayoría no larraundarras…– condicionaba bastante algunos resultados.
Por lo tanto, al margen de los datos del convento, en el padrón de Lekunberri de 1924 hay un total de 129 viviendas, con una población media de 5,15 habitantes. La vivienda más poblada era la de Jacinto Ayestaran Martija y Jesusa Garro, dueños del hotel Ayestarán. En ella vivían 14 personas: dicho matrimonio, sus cinco hijos, seis familiares y un huesped: el cortador pamplonés Miguel Zavala Goicoechea.
Por supuesto, las viviendas con menor número de habitantes eran las de un solo vecino. En el censo de 1924 figuran nueve de ellas: la del párroco Pedro Juan Beretervide Iroz (de Valcarlos), la del médico Joaquín Blanco Sagaseta de Ilurdoz (de Pamplona), la de la soltera Bonifacia Buldain Garralda, la del jornalero Vicente Erro Oyarzun, la del otro médico Nicasio Garbayo Ayala (también de Pamplona), la de la costurera Paula Garro Ormaechea, la del jornalero español Daniel Sancho Larío, la del agricultor Manuel Jacinto Illarramendi Arrillaga (de Usurbil), y la del empleado Pedro Otamendi García (de Pamplona).
Miguel Echarri y Maria Zubeldia
El primer dato personal que aparece en el censo es el correspondiente a los nombres y apellidos de las personas censadas. Las 664 personas del censo utilizan 276 nombres diferentes: 125 nombres de hombre y 151 nombres de mujer. Los nombres simples son más habituales que los compuestos, ya que esos últimos solo representan el 15 % del total. Pero aquí surge una duda: podría ser que esas personas al ser bautizadas recibieran un nombre compuesto, pero que luego, por economía del lenguaje, al censo solo llegaran sus nombres simples.
María es el nombre más habitual entre las mujeres; 28 de ellas se llaman así, el 8,12 % de todas. Además, otras 45 tienen el nombre de María en sus nombres compuestos. Por tanto, en total, es posible que el %21,16 de las mujeres de Lekunberri giraran la cabeza al oir María. El segundo nombre más habitual es el de Josefa, con 19 repeticiones. Le siguen Juana (14), Micaela (12) y Manuela (12). En el caso de los hombres, Miguel es el nombre más repetido, probablemente por la cercanía del santuario de San Miguel; 20 lekunberriarras tienen ese nombre, el 6,27% del total de los hombres. Le siguen Manuel (14), Francisco (14), José (13) y Juan (11).
Tal y como era habitual en 1924, todos los nombres del censo son castellanos. Todos menos uno. Entre las mujeres hay una de nombre Imanole (que en castellano sería Manuela): Imanole Aoiz Viscarret, una niña de 8 años. Imanole nació hacia 1916 en Lumbier, y es curioso que le hubieran puesto ese nombre, ya que Imanole apareció por primera vez en el noménclator que publicó Sabino Arana en 1916 en Bilbao. La Imanole que nos ocupa se fue a vivir a Lekunberri en 1921, en compañía de su tío Manuel Viscarret Roda, boticario del pueblo.
En lo que respecta a los apellidos, los y las 664 lekunberriarras del censo utilizan en total 304 apellidos diferentes; 233 de ellos son claramente apellidos vascos, es decir, el 76,64 % de todos los apellidos utilizaods. Esa distribución cambia un poco si nos fijamos en las cifras absolutas: teniendo en cuenta todas las repeticiones de los apellidos de los y las habitantes de Lekunberri, 64,46 % eran apellidos vascos. En el censo de 1924 la mayoría de los y las lekunberriarras aparecen con dos apellidos y, teniendo en cuenta tanto el primero como el segundo, Etxarri es el apellido más común, con 47 repeticiones. Los siguientes apellidos más repetidos son Zubeldia (32), Astiz (30), Garbisu (26), Goicoechea (26), Erneta (24), Martiarena (21), Mariñelarena (20), Azpiroz (19) y Ayestaran (18). En la duodécima posición de la clasificación aparece el primer apellido no vasco: Michaus (17). Y si solo tenemos en cuenta los primeros apellidos, Saldise se va a la segunda posición, con 16 repeticiones.
31 monjas en el convento de las clarisas
Según el censo de 1924, en el convento de las clarisas de Lekunberri vivían por entonces 31 monjas. El relato oficial dice que el convento fue fundado en 1888 por José María Juanmartiñena y Juana Josefa Noguera, a petición de su sobrina Sor María Pilar de San Juan de la Cruz. Echando un vistazo al censo de 1924 surge la duda de si realmente se puso en marcha el convento aquel año o unos años después. De hecho, si restamos a la edad de cada una de las monjas el tiempo que llevaban censadas en el municipio, nos sale que las primeras diez monjas de la lista entraron en el convento en los años 1895-96. Por tanto, ez muy probable que la vida del convento empezase efectivamente aquellos años.
La primera persona que aparece en la lista del convento es su abadesa, Pilar Marco Vinta, que probablemente fuese aquella sobrina de los fundadores, ya que «María Pilar de San Juan de la Cruz» no es un nombre civil, sino que es un nombre de monja. La abadesa era de Urroz, navarra por tanto, como la mayoría de monjas del convento. de las 31 monjas 28 eran navarras (nueve de ellas de Larraun) y las otras tres, guipuzcoanas. Precisamente, la última en llegar al convento –solo llevaba ocho días en él– era de Hondarribia. Se llamaba Emilia Lapitz Aguinagalde y tenía 44 años. El apellido ‘Lapitz’ aparece escrito de tal manera, con TZ. La abadesa era la mayor del convento en 1924, con 65 años. Y la más joven, la tolosarra Ignacia Aranzabal Insausti, tenía 25 años. En ese año, las monjas llevaban una media de 25 años empadronadas en Lekunberri y la media de edad de las monjas era de 45 años. Todas sabían leer y escribir y todas tenían el mismo oficio: la vida contemplativa.
