Teniendo en cuenta las medias y los datos más repetidos de los 664 habitantes del padrón de Lekunberri de 1924, las personas prototípicas de la época serían Miguel Echarri Garbisu y María Zubeldia Astiz, ambos nacidos en Larraun, y ambos sabrían leer y escribir. Miguel sería agricultor y María ama de casa.
[Reportaje publicado en la revista Mailope en febrero de 2025 como continuación de un reportaje publicado en diciembre]
La edad media de los y las lekunberriarras inscritas en el censo de 1924 es de 28,54 años. Es decir, hace cien años Lekunberri era muy joven. De hecho, estaban empadronados 235 niños menores de 18 años, un 35,39% del total de la población. Sin duda, en aquella época las calles de Lekunberri estarían llenas de niños y niñas. Si nos fijamos en la pirámide poblacional de 1924, vemos claramente este gran peso de las generaciones más jóvenes. Asimismo, se observa cómo en la población de 50-54 años se produce una notable disminución. Nacieron entre 1870 y 1874, es decir, durante la Segunda Guerra Carlista. La guerra influyó, pues, en la disminución de los nacimientos.
El más joven del padrón de 1924 es Luis María Lorenzo Bermejo, de apenas un mes, cuarto hijo de un telegrafista madrileño recién llegado de Pamplona. La más anciana es Francisca Marculeta, de 90 años de edad, que vivía arrendada en la casa del alguacil Agustín Gastesi Aguirrezabala. Marculeta nació en la época de la Primera Guerra Carlista. En 1924 solo había cinco personas de entre 80 y 89 años y veinte de entre 70 y 79 años. La pirámide actual de Lekunberri es muy diferente, ya que hay alrededor de 180 habitantes de más de 70 años.
En 1924 Lekunberri contaba con 96 matrimonios. Es decir, el 29% de la población estaba casada. En la mayoría de los casos, el hombre era mayor, por lo que la diferencia de edad media entre marido y mujer se situaba en 3,32 años, a favor de los hombres. La mayor diferencia de edad se daba entre Antonio Goicoechea Jaunsaras y María Asunción Miquelarena Armona. El hombre tenía 52 años y la mujer, 32. Por cierto, Miquelarena era nacida en Rosario, Argentina.
Si los lekunberriarras Miguel Echarri y María Zubeldia que nos hemos inventado a la hora de hacer este estudio estuvieran casados, teniendo en cuenta las medias, el hombre tendría 48 años y la mujer 45. Además, tendrían tres hijos: Josefa (ama de casa de 17 años), Manuel (agricultor de 14 años) y Juana (escolar de 12 años).
En 92 de las 96 parejas reales que aparecen en el censo, la mujer realiza “tareas domésticas” (sus labores en la original). Tres de las cuatro mujeres que no están señaladas de esta manera tienen la misma profesión que sus maridos: comerciante, dependiente y labrador. Esto último puede ser un error del que recopiló los datos, ya que es la única mujer en todo el censo así designada. La cuarta mujer casada que no era ama de casa era la maestra oltzatarra Manuela Cavodevilla Loidi, que para entonces ya llevaba 11 años en Lekunberri.
Hemos mencionado un error que aparece en el padrón. Pero, desgraciadamente, no es el único. Algunos han sido fáciles de encontrar. Por ejemplo, el dependiente asturiano Emilio Acebo Pando aparece como huésped en casa de la solterona Joaquina Aizpurua Ochotorena. Pero también está empadronado en la casa del comerciante Juan Bautista Oquiñena Azpiroz. Es decir, aparece dos veces en el censo. Advertido el error, conté a Acebo una sola vez.
Pero en otras ocasiones los errores no han sido tan fáciles de corregir. Por ejemplo, no es infrecuente que, según los datos del padrón, ocurra que una persona lleve más años empadronada en Lekunberri que de vida en el mundo. En esos casos he intentado imaginar la edad real comparándola con los datos de las personas que le rodean. De todas formas, no creo que estos errores hayan influido mucho en las medias.
Continuando con el análisis, cabe mencionar que en el censo figuran 28 viudos y viudas: 18 mujeres y 10 hombres. La viuda más joven era Mercedes Solana, de 31 años. Junto al nombre, entre paréntesis, viene señalada como “La viuda de Isasi”. Era natural de Balmaseda (Bizkaia), se había trasladado de Pamplona a Lekunberri hace apenas dos meses, vivía con su hija Amalia y su oficio era ser “rentista”; es la única mujer con ese oficio marcado.
34 sirvientes
Tras el estado civil, el censo determina la relación de cada vecino con el cabeza de familia: si es su mujer, hijo o hija, hermana, madre política, sobrina, huésped… Aparte de los vínculos familiares, hay 34 personas clasificadas comosirvientes: 21 mujeres y 13 hombres, entre 14 y 62 años. La más joven en la lista es Lorenza Apezteguia Goicoechea, y el más viejo, Miguel Garbisu Errazquin.
En el caso de las sirvientas, en la celda de determinación del oficio también suele aparecer la palabra «sirviente». Por el contrario, en el caso de los hombres, no son pocos los que tienen el mismo oficio que sus anfitriones: zapatero, carpintero, albañil… Se puede pensar que la presencia de más de un sirviente en una casa significa que en esa casa no faltaba dinero. En 1924, tres de casas de Lekunberri contaban con tres sirvientes y otra, con cuatro. Esta última casa era propiedad de Zacarías Irañeta Astiz, un viudo joven. El censo dice que Irañeta era agricultor, pero con eso no se puede saber si era un gran propietario de terrenos o uno de tantos.
El siguiente dato que nos da el padrón no es un dato cualquiera, ya que determina si cada habitante sabía leer y escribir. La tasa de analfabetismo se suele observar entre los adultos, no entre los niños y niñas, y el límite entre unos y otros se suele poner en este tema en los 10 años. Pues bien, si atendemos al censo de 1924, en aquella época en Lekunberri 74 personas mayores de 10 años eran analfabetas, lo que representaba el 11% de la población total. Los estudios señalan que en 1920 los analfabetos adultos españoles suponían el 32,62% de la población total. Por lo tanto, el dato de Lekunberri era mucho mejor. Además, hay que destacar que la mayoría de los que no sabían leer ni escribir eran bastante adultos. Eso sí, había seis analfabetos de entre 11 y 18 años y es bastante probable que llegaran así al último cuarto del siglo XX.
La mayoría navarros o navarras de nacimiento
La mayoría de las personas empadronadas en Lekunberri en 1924 nacieron en el mismo Lekunberri o en otros pueblos de Larraun: 461, el 69,43% de la población total. Y otra gran mayoría habían nacido en alguna localidad de Navarra: 158, el 23,8% de la población total. Es decir, más de nueve de cada diez lekunberriarras eran oriundos de Navarra (93,23%).
La mayoría de las personas navarras nacidas fuera de Larraun era de Pamplona: 24 habitantes (3,61% del total de Lekunberri). El segundo grupo más grande era el de los nacidos en Basaburua: 14 habitantes (2,11%). Pero si a los de Basaburua se añaden los del resto de municipios que limitan con Larraun: 54 habitantes (8,13%).
Es decir, pocos eran los y las lekunberriarras que hubieran nacido muy lejos de Lekunberri. Había cuatro argentinos: los tres hijos mayores de José Bernardo Miquelarena Mutuverría y Vicenta Armasa Urriza (Feliciana, Ángela y Valentín), nacidos en la ciudad de General Guido, y una Miquelarena que hemos citado antes, nacida en Rosario. De España eran 23 los y las que habían ido a vivir a Lekunberri: tres amas de casa, dos guardias civiles (los otros tres eran navarros) y las esposas e hijos de algunos de ellos, dos jornaleros, un obrero ferroviario, el maestro y su hermana pequeña, un electricista y su hijo pequeño, un comerciante y un tendero, un sastre y el notario.
Y ya que hemos empezado a citar las profesiones de los y las lekunberriarras de aquella época, digamos que, quitando los niños y niñas sin escolarizar (69) y los y las escolares (101) que suponen el 26,6% del total, el oficio más habitual era el de «sus labores». Había 225 así marcadas (33,89% del total de la población, 88,24% del total de las mujeres trabajadoras). Entre el resto de las mujeres había quince sirvientes, tres estudiantes de estudios superiores, tres modistas y una costurera, dos dependientes y una comerciante, una rentista, una negociante, una labradora, una maestra y una que en la celda de la profesión tenía marcada la sorpresiva “su sexo”: Manolita Garralda Goldaracena, de 19 años.
Entre las profesiones masculinas había más diversidad. Había 122 labradores y 8 jornaleros. Esta era la profesión más numerosa (54,39% del total de hombres empleados). Pero había también 17 comerciantes, 11 carpinteros, 8 estudiantes de estudios superiores (la mitad de ellos seminaristas), 7 zapateros, 5 albañiles y 4 camineros; y otros treinta de diferentes oficios.